martes, 15 de abril de 2014

15-04-14

Estar a solas contigo. 
Despojada de relojes, calendarios y armaduras.
Ataviada de murmullos, constelaciones y veredas.
Que un crepúsculo sonrosado te ciña la silueta
y la noche florezca sahumada de ti.

A solas.

Aguardando por ti,
Una hilera de velas
para enmadejarse en tus pestañas
Una copa de cristal,
para emulsificarse con tu saliva
Una sinfonía de cello
para arrullarse con tus palpitaciones
Y la luna entera,
para retozar en el estanque de tu piel.

Me es indiferente el color de tu labial, la marca de tus zapatos o el aroma de tu perfume.
Suspiro sólo por ti.
Por los fragmentos de universo que preñas a cada paso.
Por los porvenires demacrados que entibias con tu sonrisa.
Por las certezas de mármol que haces añicos al nombrarme.

La tierra me balbucea en flores que polinizan de ansiedades cada silencio arracimado en estas manos que te añoran. Que decoran cántaros con la humedad de tu nombre. Que te claman escribiendo.

Que dibujan lo que las transpira.

Anegarme los pulmones con el aguacero de brevas enquistado en tu cuerpo.
Horadarme la coraza del pecho con cada campaneo bullente de tu voz.
Ser desangrado por los leopardos que dormitan bajo tus parpados.

Sentir como tu belleza se abre paso dentro de mí, como me invade con su molicie, como me atrofia cada nervio, como me devora cada filamento.

Imantarme a tus pulsaciones; a esa tibia ráfaga de savias dosificadas cuando te acercas más a mí.

Dejarme arrastrar por la tormenta depredadora en mi interior y sus simientes en las venas.

Reconocer mi lugar en el mundo al tomarte de la cintura.
Adosarte a mi pecho dejando en ridículo a la libertad.
Percibir el repiqueteo de un alborozo afestinado en tus labios.

Probar con elocuencia las fresas de tu boca,
entremezclarlas con la crema de tus dientes,
sorber el licor de su turgencia,
derramarnos en una ambrosía de pulsos y alientos.

Escarcearnos.
Escudriñarnos.
Espumearnos.

Notar que te vas abriendo dulcemente como una rosa, que te vas vertiendo como una cereza, que te vas amielando como el mes de abril.
Descubrirlo en la electricidad de tus caricias,
en la voluptuosidad de tus pechos avellanados,
en la convulsión de tus muslos apulpados,
en la efusión de tu intimidad agrosellada.

Tomarte.
Entrar en ti.
Hacerme tuyo.

Caracolas aletearán en paraísos amusgados de natas.
Guirnaldas se disolverán en pleamares de ámbar.
Géiseres se coparán de hervores frondosos.
Y yo amaneceré enroscado a tus caderas.

Nada más.
Estar a solas contigo.
Eso es lo único que quiero para mi cumpleaños.

viernes, 4 de abril de 2014

CAMINO

Amo viajar.
No me refiero a la preparación de un itinerario o el arribo a un sitio; uno, el gusto de la proyección; otro, el gozo del descubrimiento; ambos ligados por un destino.
Me refiero a viajar. No a planear, no a llegar, sino a andar. A recorrer senderos, a transitar carreteras, a cruzar accesos. En suma, aludo completamente a la raíz etimológica del verbo viajar: hacer camino.

Todo inicia justo al ponerme en marcha. En ese preciso instante me invade un júbilo sustancioso que me hace olvidarme de la partida y de la meta para entregarme al deleite del ir y venir. Entonces, salgo de mí y me vuelvo parte del camino.
Soy los edificios altivos pero hincados ante el tiempo, soy las praderas arrulladas por el viento, soy ese niño que ignora que lo que le entrelaza los dedos no es la mano de su Mamá sino la esencia de la humanidad, soy aquellos adolescentes que se iluminan el rostro mutuamente porque comparten el milagro de acariciarse con sus pulsaciones. Soy todos y todo; lo que veo y lo que veré.
Fernando Pessoa tenía razón y los viajes son los viajeros, lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

Viajar es para mí una metáfora de la vida porque no importa tanto el principio ni el final como el recorrido.
Porque cuando me opuse a ser esclavo de mi origen y siervo de las metas que otros me dictaron, para sumergirme en los recovecos y las huellas de mi camino, me sentí libre. Y renovadamente pleno.
Esa es la verdadera razón por la que no uso el automóvil para ir de mi casa a la Universidad de Helsinki. Le gente a mi alrededor opina que es una insensatez recorrer 80 kilómetros en transporte público teniendo un automóvil propio, sobre todo en temperaturas de hasta menos 30 grados. Yo utilizo el ahorro de combustible, la eficiencia pública finlandesa y hasta cierta conciencia ecológica como argumentos, pero la verdad es que uso el transporte público por el puro placer de ensimismarme en el camino. Por eso es que también, en lugar de tomar la ruta más corta (tomar el trolebús hasta Rautatientori y luego el tren) prefiero la que alarga mi ausencia del mundo de las agendas (andar hasta Kamppi y de ahí tomar el autobús 117 que bordea Espoo). Así, en lugar de 90 minutos diarios (45 por la mañana y 45 por la tarde), utilizo 120 minutos en mis viajes cotidianos. Todo un lujo que, obviamente, sé que me merezco.

Posiblemente la mayoría de las personas piensen que una ruta diariamente andada es siempre el mismo trayecto. Yo creo que, así como una mujer puede ser todas las mujeres en una sola, un camino puede ser un universo de caminos en sí mismo. Y no sólo me refiero a las vistas que pasan de lo grisáceo en otoño a lo blanco en invierno y luego a lo esmeraldino en primavera, sino a tener la oportunidad de volver a andar un camino para volverlo a descubrir: hallar un cruce que antes había pasado desapercibido, darle la bienvenida a un retoño de la naturaleza o simplemente postrarse ante una nueva huella del tiempo. Si por definición no se ama de una sola manera aunque se ame profundamente, tampoco se viaja de una sola forma aunque se viaje asiduamente por la misma ruta.

El camino está atestado de senderos. Sobre todo en quienes no sólo lo andan, sino que además lo reviven al desvivirlo. En quienes no lo hacen suyo, sino que se mezclan con candorosa inconsciencia en el camino y se vuelven animadas postales de horizontes irrepetibles; escenario multicolor de carnavales urbanos; lienzo abonanzado de verdores palpitantes. Andamiaje, bricolaje, paisaje. Camino.

Si de algo puedo enorgullecerme, es precisamente de ser un caminante. No un viajero, no un transeúnte, no un pasajero.
Un caminante.
Un ser tan ínfimamente honesto que no sólo pone los pies en la tierra, sino que se sabe, si bien prescindible, una partícula integrante de esa sinfonía de savias; no sólo un mero espectador, sino un habitante privilegiado de un microcosmos sazonado especialmente en un tiempo y espacio propicios para su subsistencia. Alguien que se concibe como el resultado de la milagrosa e infinita concatenación de hechos y consecuencias, de muertes y nacimientos, de despedidas y reencuentros, de besos y fluyentes.
Eso, un caminante.
Por eso, no hallo otra forma de andar por el camino convergiendo en lo que he sido, lo que soy y lo que seré, más que escribiendo. Y no sólo metafóricamente hablando, realmente escribo con entrega y entusiasmo, preñado de musas, en el autobús que me lleva al amanecer y me trae de regreso al anochecer. Ha sido en ese trayecto donde, por dar algunos ejemplos, he concebido, procreado y alumbrado a mis amadas “Ella”, “Naufragio”, “Conocer” o “Reencuentro”.
Escribir es mi forma, acaso la más diáfana, de saberme parte del camino.
De volverme sendero mientras me ovillo en los pliegues del horizonte.
De mirarme con sangre en las arterias del mundo.
De huir, refugiarme, añorar y ofrendarme.

“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar”
Recitó el gran Antonio Machado.

Y yo, iluso caminante, en este trayecto he comenzado a escribir “B y E”.
Como una forma, acaso la más diáfana, de hacer camino hacia Ella.
Mi añorada.

viernes, 7 de marzo de 2014

10 AÑOS (PASADOS)

Uno de los relatos que más desvelos me costó escribir inicia así: “Somos los amores que no fueron”.
Estoy totalmente convencido de ello.
Incuestionablemente, yo soy los anhelos que nunca se volvieron caricias, los besos que no prodigué, los amaneceres que no compartí; las historias con final anticipado. Y, rotunda y prominentemente, yo no podría ser lo que soy, sin lo que no fui contigo.
No sólo no me avergüenza reconocerlo, sino que me ha hecho muy bien aceptarlo.
Lo que el tiempo no erosiona, la soledad se encarga de magnificarlo. Como cuando uno tiene la lucidez de sentir que ya nada volverá a ser igual sin ese instante que está viviendo y con quien lo está viviendo.

Aún puedo vernos.
Ese sábado por la mañana. Caminando descalzos por la enorme explanada de Ciudad Universitaria, tomados de la mano, ajenos a las miradas circundantes.
O ese domingo al atardecer. Dentro del auto, con los asientos extendidos y los pies en el tablero, primero paladeando nuestros helados, después tú con algo de mi helado de vainilla en la nariz, yo con un poco de tu helado de zarzamora en mi mejilla, y al final ese nuevo sabor que creamos con nuestros labios.
O aquel viernes por la noche. Cuando llovía a cántaros, el viaducto era un largo estacionamiento y llevábamos más de una hora dentro del auto, por eso ya me estaba resintiendo de mi lesión de la espalda. Y de repente me contaste ese chiste tan simple sobre una chica y su constipación. No, no me lo contaste, me lo actuaste. Y me hiciste reír, tan exultantemente, tan enternecidamente, que todavía escucho y me alegro con tu: “entonces me limpié la nariz, y mi vida cambió”.
O las tardes que íbamos al teatro, al cine o a exposiciones. Decidiendo las funciones, cuando no por críticas previamente leídas, por volados o turnos. ¿Recuerdas cuando fuimos a ver el episodio II de la guerra de las galaxias porque yo creí que a ti te interesaba por un comentario que hiciste y tú creíste que yo era fan de la saga? No importaba. Nunca importó. Porque después, en algún restaurante o en alguna cafetería, tú y yo siempre encontrábamos símbolos, historias paralelas y significados a todo lo que veíamos. No importaba lo que nos querían decir, nosotros lo hacíamos nuestro. Como Amélie, nuestra primera película.
O cuando tú, que no te gustaba el fútbol, fuiste a verme jugar la final del campeonato, con ese equipo que yo había fundado hacía unos meses. Y que el partido estaba a dos minutos de terminar y nosotros perdíamos por un gol. Entonces nos marcaron la sexta falta. Shoot out a nuestro favor, que yo decidí cobrar. El árbitro indicó que sería la última jugada. Silbó, yo conduje el balón y 5 segundos después celebrábamos el empate. Luego penalties y campeones. Aún te recuerdo saltando de emoción en las gradas.
Y Oaxaca, el único viaje que hicimos juntos. El trayecto en autobús. La ciudad, sus iglesias y mercados. El árbol del Tule. Hierve el agua. Monte Albán. Las noches. La última tarde en el centro. ¿Sabes? He podido pero no he querido volver ahí.

Fueron sólo tres meses los que estuvimos juntos. Pero fue cuando entendí que el corazón tiene otra forma de medir la existencia.
Por eso, tu despedida me sigue pareciendo impropia de lo que teníamos y de lo que tú misma me confirmaste que sentías profundamente por mí.
Es cierto, fallé en darte confianza y lo hice peor cuando, al irte de nosotros, acepté todas las propuestas que tenía en la oficina y que era imposible que no te dieses cuenta. Con ese actuar mío, sangrando por la herida, confirmaste lo que no era cierto en los hechos pero que se nutría de tus miedos.
Luego llegó aquel viernes, 10 meses después de nuestra separación, cuando me invitaste a comer. Y me confesaste que te casabas al día siguiente. Pero que me seguías amando.
Y el día de tu cumpleaños, el 30 de mayo. Cuando también cumplías dos meses de casada. Coincidentemente, ese día tuvimos que quedarnos más tiempo en la oficina para entregar un proyecto. Antes de marcharte a tu casa, te deseé un cumpleaños muy dichoso. Me dijiste que lo tendrías con un regalo. Te pregunté cuál era. Me dijiste que un beso mío.
Era nocivo seguir así. Ya no podía seguir así. Por eso lo intenté hasta que lo conseguí, afortunadamente, en ese mismo 2003.
Realmente era una ilusión que tenía desde mi época de estudiante de licenciatura. Pero había ganado ese concurso de oposición, luego el concurso interno para el ascenso. Tenía mi propia oficina. Gente y proyectos a mi cargo. Viajaba mensualmente a los estados del país. Representaba al instituto en eventos del Congreso, de las Secretarías, de los partidos políticos. A los 25 años, eso era más que suficiente para tenerme anestesiado de confort.
Sí, era un anhelo que se me anidó desde años antes. Pero tú, aún sin quererlo, me ayudaste a despertar de ese aletargamiento. Así que decidí que debía seguir continuando con mis búsquedas. Y la respuesta llegó el 7 de junio: la Universidad de Salamanca me aceptaba en su programa de posgrado y el Ministerio de Exteriores me becaba para ello.
Y me fui.
Afortunadamente me fui, para andar por todos los senderos que me han llevado a ser lo que ahora soy.
Es curioso. Tú te fuiste de nosotros pero yo me fui del país. Te quedaste allá con los espacios que poblamos, pero yo me quedé con la historia que no llegamos a vivir. Creo que estamos a mano.
Porque yo he estado seguro de algo durante este tiempo. Que en los momentos que te quedases sin agendas ni teléfonos, sin espejos ni maquillajes, cuando estuvieses a solas contigo misma, te acordarías de mí.
Porque yo nunca te olvidé, a veces hasta al grado de olvidarme de mí mismo.
A veces pensando que el “todavía” no se volvería “nunca más”.
A veces defendiendo tu recuerdo, inclusive de ti misma.
A veces reinventándote en suspiros enletrados.
A veces saboteando alboradas.
A veces creyéndote invencible.

Y así, durante estos años.

El 28 de febrero del 2014, exactamente hace una semana, volviste a comunicarte conmigo.

En mi microcosmos vital, habitan muy pocas personas que al ser evocadas puedan estremecerme las fibras más recónditas y sensibles.
Si me pienso con tu nombre, diez años es un suspiro.
O una eternidad.
Pero no dejan de ser pasado.
Y yo tengo un presente luminoso: estoy profunda, desbocada y estúpidamente enamorado.
Así que he decidido que por fin ha llegado el momento.
No más aplazamientos.
No más fantasmas.
No más ser lo que no fui contigo.

Vivirás en mi eternidad.

¡Hasta siempre, Verónica!

martes, 4 de marzo de 2014

10 AÑOS

Dos párrafos.
Seis líneas.
Sesenta y cuatro palabras.

Satisfacción porque, a tu juicio, he honrado mis más profundas pasiones.
Pregunta para confirmar si, como tú crees, me he dedicado a la poesía.
Regodeo en tu entendimiento sobre mi vocación.
Deseos para que continúe siendo fiel a mis convicciones.
Y que sea muy dichoso.

Tres mil seiscientos cincuenta días después, vuelvo a recibir un correo firmado con tu nombre.
En mi microcosmos vital, habitan muy pocas personas que al ser evocadas puedan estremecerme las fibras más recónditas y sensibles.
Si me pienso con tu nombre, diez años es sólo un suspiro. 
O una eternidad.
 

martes, 25 de febrero de 2014

ENTUSIASMO

Por más que lo quiera,
por más que me obliguen,
ya no puedo vestirme de penumbras.
Tú nombre preña al mundo de luz.

Hay en tus ojos un manantial,
refrescante y acariciante,
como murmullos de jazmín
y suaves tempestades de miel.

Multiplicas el universo,
y me lo ofreces en tu sonrisa.

Estoy seguro,
que todo habla de mí y conmigo,
las canciones aterciopeladas y febriles,
las flores venideras y palpitantes
pero sobre todo
nuestra luna radiante y cómplice.

Letras titubantes y desbocadas.
Injustas con mi fragor.

Me pueblas hasta la necesidad.
Te respiro hasta la extenuación.
Me colmas de urgencias.
De tu cabello,
terciopelo crinado,
De tu espalda,
sendero afestinado,
De tus muslos,
pomelo amielado.
De estas manos sedientas de tu piel.

Silencio que retoña.
Corazón que perfuma.
Hombre que ya sólo es por ti.

Etimológicamente, entusiasmo significa traer los dioses adentro.
Es cierto,
estoy entusiasmado,
porque a todas horas te llevo conmigo.
Mi añorada.

jueves, 13 de febrero de 2014

EXTRACTOS DE CARTAS GUARDADAS EN EL BURÓ V: PROFUNDA, DESBOCADA Y ESTÚPIDAMENTE

“… Lo reafirmo y lo puntualizo: estoy profunda, desbocada y estúpidamente enamorado de ti.
Profundamente, porque me resulta completamente insuficiente tocarte, yo requiero transpirarte. Porque araste en mis entrañas. Porque te inoculaste en mi sangre. Porque me habitas. Y no son metáforas: basta un mensaje tuyo, una canción que me hayas dedicado o la evocación de tu nombre para que en mí florezca tu semilla y yo vuelva a creer que sólo sé vivir de sus frutos.

Desbocadamente, porque lo que siento por ti es insondable, expansivo, exagerado. Como buscar el centro de un abismo. No hay control, no hay certezas, no hay albedrío. Sólo tú dentro de mí, cada vez más dolorosamente tersa, más agudamente gozosa, más afiladamente soterrada. Soy la cadencia de tus pestañas. El viento que ciñe tus labios. El sendero que abren tus pasos. Me haces agua, y sólo quiero que tú me bebas.

Estúpidamente, porque he labrado estas palpitaciones en nubes y lunas. Sin planes ni seguridades, sólo anhelando poder cubrirte con su manto. Porque no sé si me cobijas pero yo me desfloro en cada palabra que te escribo. Tal vez hasta tienes quien te bese, te abrace y amanezca a tu lado. Pero yo sigo siendo fiel a lo que siento porque, en un acto de osadía desvelada, quiero creer que yo también te habito. 

Sí, para mí tiene sentido: profunda, desbocada y estúpidamente enamorado.
¿Por qué enamorado?
Porque afuera está nevando y yo sólo pienso en hacer la primavera contigo.
Mi añorada.

Tuyo, todavía, siempre,
E.”

jueves, 6 de febrero de 2014

DISTANCIA

Sí, tenemos kilómetros y horas que se anteponen entre tus muslos y mis manos, pero eso no es distancia.

PRÓXIMAMENTE 

viernes, 17 de enero de 2014

DESVELO

No es que no pueda dormir
es que quiero estar despierto cuando Ella
por fin me necesite.

viernes, 3 de enero de 2014

2014

Y si en mi desvelo y ensoñación,
en mi desespero y esperanza,
en mi desaliento y en mi euforia
encuentro un camino de remordimiento,
vivir yo quiero,
la vida aquella,
donde sus labios son el resarcimiento.

jueves, 21 de noviembre de 2013

RILKEANDO

Convierte tu añoranza en esperanza
tu desazón en una estación
tu melancolía en un todavía.
Convierte tu corazón en el nuestro. 
Que el mío palpita con tu poesía.

jueves, 14 de noviembre de 2013

PRONÓSTICO DEL TIEMPO

Hace un par de días que lo percibo.
La luna se vislumbra más grande y luminosa; más cercana.
Los bosques se agazapan entre hojarascas y silencios.
El aire flota espeso, preñado de augurios escarchados.
El horizonte se atavía de nubes encanecidas y gélidas.
Puedo sentirlo.
Se acerca la primera de cuantiosas y copiosas nevadas.
Ha llegado el momento de descolgar mi abrigo de melancolías y tener a la mano palabras humeantes.

viernes, 18 de octubre de 2013

CVII

Despertó sintiéndola a su lado.
Inhaló su aroma. Percibió su tibieza. La transpiró.
La guareció con sus brazos.
La escudriñó con su boca.
La desgranó con sus dedos.
La electrizó con su piel.
Pomelos aparearon voluptuosidades.
Jilgueros grojearon turgencias.
Rosas desfloraron almíbares.
Y Él sintió las piernas de Ella entrelazarse en su espalda, sus muslos adherirse a su pelvis, y sus caderas revolotear entre sus manos.
Entonces entró insaciable en Ella.
Y así, hasta colmar las alboradas con su nombre. 
Como cada mañana, desde que no deja de pensarse sin Ella.

viernes, 4 de octubre de 2013

EXTRACTOS DE CARTAS GUARDADAS EN EL BURÓ IV: DE OLVIDOS Y MILAGROS

“No, corazón, nunca podría despreciarlo. Es sólo que hay épocas en los que las premuras cotidianas embisten mis días iracundamente. Y, limitado como suelo ser, aplazo lo trascendente para enfrentar lo urgente. Pero al estar otra vez a solas, irremediablemente vuelvo a oxigenarme de suspiros.
Por eso nunca podría desatenderlo.
Porque aunque no estuve ahí, sé que ese día fue milagroso.
Nadie me lo ha contado.
Pero no lo necesito.
Estoy seguro que fue así.
Que las cigüeñas se lo contaron a las golondrinas, que las golondrinas se lo compartieron a los jilgueros, que los jilgueros se lo dijeron a los ruiseñores. Y la noticia se propagó por todo el mundo.
Que tú esperabas en tu cálido refugio, ansiosa, expectante, esperanzada. Escuchando murmullos, sintiendo latidos, palpando vísperas.
Y entonces recibiste las promesas:
Que la tierra te daría campos para alimentarte y pies para hermanarte con ellos.
Que el sol siempre –siempre, siempre- alumbraría tu cielo, sobre todo después de los días grises.
Que la luna te miraría por la ventana y te sonreiría resplandeciente, aunque tú no le devolvieses la sonrisa.
Que los árboles beberían de las ráfagas del sol para alimentarte de oxígeno.
Que invariablemente, a pesar de todo, nunca dejaría de haber un mañana.
Así que ese martes florido decidiste salir de tu refugio para ser abrazada, besada y amada por la tierra y por quienes la habitan.
Y así fue como inició el camino que te llevó, por única vez y para siempre, a mí.
Por eso, nunca podría relegarlo.
Recuerde, o no, que ese milagro ocurrió un 28 de septiembre.

Nunca será tarde para susurrarle al viento que te prodigue los colores, las caricias y las canciones que necesitas para sentirte dichosa, un año más.
E.”

lunes, 2 de septiembre de 2013

ENSEÑANZAS

-¿Oye, Pa´?
-¿Sí?
-Tengo que confesarte algo.
-Dime motxa, te escucho.
-Es que creo que estoy enamorada.
-¡¿Que tú quéeeeeeeee?!
-¡Pero no te enojes Pa’!
-No, no, no pequeñita, como crees. Si alcé la voz fue por sorpresa no por enfado. Sería tonto si me enojase contigo porque quieres contarme algo sobre ti. Al contrario motxita, agradezco mucho que confíes en mí. ¿Verdad que sabes que siempre podrás contar conmigo? Que siempre, siempre, hayas hecho lo que hayas hecho, estaré a tu lado. ¿Lo sabes verdad?
-Sí Pa’. Ya sé que tenemos un pacto de finalidad.
-Fidelidad, corazón.
-Sí, eso Pa’.
-Pero a ver pequeñita, vamos a platicar. ¿Me decías que creías que estabas enamorada?
-Sí.
-¿Me podrías explicar por qué crees que estás enamorada?
-¡Ayyy es que no puedo!
-Sí puedes corazón, aunque todo lo veas confuso y muy difícil, tú siempre puedes. Y ya me lo has demostrado cientos de veces. ¿Recuerdas como se te hacía muy complicada la tarea de las compras y los cambios con los billetes y las monedas?
-Síiii ¡pero después me saqué diez en mi examen de mate!
-Bueno, pues ahí está un ejemplo de que tú puedes. Es sólo cuestión de que no permitas que las cosas te asusten cuando se junten, te saquen la lengua y hagan mucho escándalo. Son sólo cosas y tú siempre podrás derrotarlas al entenderlas. Recuerda respirar, verlas con el microscopio de tu cabecita y encontrarles su lógica.
-Sí Pa’ ya lo sé.
-A ver, entonces, cierra tus ojitos, respira, escucha tranquila la pregunta y deja que la respuesta pida su turno en tu cabecita: ¿de verdad crees que estás enamorada? ¿En serio te sientes enamorada?
-Mh, creo que sí. Definitivamente que sí Pa’.
-Muy bien, pequeñita. Te creo porque sé que respondiste con mucha seguridad. Ahora dime, ¿de quién?
-De Matti.
-¿Matti?
-Sí, Pa’. ¿Te acuerdas del niño que te mostré el otro día en la escuela? El que estaba en el pasamanos, que traía sus tenis, su gorra y su chamarra rojas.
-¡Ahhhhh, sí, claro! El que va en tercero y que ya me habías platicado antes que es primo de la amiga de Päivi, y que una vez jugaron atrapador en el recreo.
-Sí, sí, sí, Pa’, él.
-Bueno, pero entonces dime ¿por qué crees que estás enamorada de Matti?
-Ayyy Pa’ me da timidez.
-Eso es porque tus emociones están alocadas y te quieren confundir. A ver, ¿qué hace una princesa guerrera?
-Se enfrenta contra todo y lucha siempre y nunca se rinde.
-Eso es mamor. A ver te ayudo un poco a entender, porque tus emociones están dentro de ti como si fuesen monitos alborotados en la selva. ¡Uuu aaa uuuu aaaaaaaaaaaa!
-Jijijijijijiji
-Jajaja.
-Son monitos que se cuelgan dentro de mis costillitas y hacen sus fiestas en mi pancita. Jijijijiji.
-Jaja, sí, eso parece. Pero tenemos que tranquilizarlos para saber que pasa dentro de ti. A ver motxita, cierra tus ojitos otra vez.
-Sí Pa’.
-Ahora piensa en Matti.
-Jijiji.
-Concéntrate motxita. Concéntrate en todo lo que te quiere decir tu cuerpo. No olvides que el cuerpo, el corazón y nuestra alma siempre nos hablan. Ahora es momento de escucharlos bien para saber que te quieren decir. Piensa en Matti. Imagina que lo ves, que está cerca de ti, que están jugando juntos. Concéntrate.
-Ya Pa’.
-Dime, ¿qué sientes al estar cerca de Matti?
-Uyyy muchísimas cosas Pa’.
-¿Cómo cuáles, pequeñita?
-Pues mira si me imagino que Matti se me acerca y me pide que juguemos atrapador, entonces siento mis mejillas con mucho sol, y siento como mis ojitos brillan como si fueran estrellas. Y mi boca parece un costal roto de sonrisas porque todas se quieren salir al mismo tiempo. Pero salen y salen sonrisas y no dejan de salir no sé de donde tantas sonrisas. Y también siento mis piernitas como que se ponen tímidas pero al mismo tiempo tienen muchas ganas de correr detrás de Matti para que lo alcance y le agarre su mano. Y me imagino que Matti me sonríe. Y siento mi corazón lleno de flores de mil colores. Y siento todo mi cuerpo como si me hubiese comido todas las luciérnagas y los grillos del mundo porque me dan muchas ganas de brincar, cantar y bailar. Así me siento, Pa’.
-¡Mi pequeñita!
-¿Ya sabes si estoy enamorada Pa’?
-Yo creo que sí motxita.
-Oye Pa’ ¿cómo saben las personas cuando están enamoradas?
-Cuando sienten exactamente lo que tú sientes al pensar en Matti.
-Ahhh entonces es muy bonito pero es extraño estar enamorado.
-Así es motxita. Por eso es algo único.
-¿Oye Pa’?
-¿Sí, corazón?
-Perdóname.
-¡¿Por qué, pequeñita?!
-Porque una vez te prometí que me enamoraría hasta que tuviera 30 años. Y apenas tengo 6. Bueno, casi 7.
-Jajaja, no mamor, eso sólo era una broma que te hice cuando de repente me di cuenta que ya estabas muy grandota, y que no quería que siguieras creciendo y creciendo para que nunca me dejaras de amar sólo a mí. ¿Recuerdas que te dije “ya no crezcas tanto motxita” y te abracé muy fuerte para que te quedaras de esa estatura?
-Sí Pá y no me dejabas ir al brincolín. Pero Pa’ no seas tan celoso, ya te prometí que siempre te amaré.
-Lo sé motxita. Nada ni nadie nos sacará de nuestros corazones. Pero también sabía perfectamente que tú te enamorarías algún día. Como ahora lo estás de Mátti.
-Sí Pa’, ya sé que estoy con monitos y estrellas en mi cuerpecito por culpa de Matti. Ayyyy Pa’ ¿y ahora qué hago? Me siento nerviosa y tímida y emocionada al mismo tiempo.
-Pues disfrútalo mucho, mi amor. Estar enamorado es la forma más bella de recordar que uno está vivo y que la vida es bella. Sientes todo lo que sientes porque una persona, en este caso Matti, ha llegado a tu vida a recordarte que eres una parte muy importante del universo, que perteneces al universo y que el universo te pertenece a ti. Y todo eso tienes que disfrutarlo.
-¡Pero es que tengo muchos nervios y timidez!
-Pero también eres una Princesa guerrera. Y no cualquier princesa guerrera. Eres mi princesa guerrera. La mejor princesa guerrera. ¿Recuerdas cuando fuiste maestra de ceremonias en tu escuela para el evento de las culturas y los países del mundo? Estabas muy nerviosa pero lo hiciste tan perfectamente bien que todos te felicitaron y te aplaudieron mucho. Y a lo mejor no lo has pensado pero ahí, entre el público, estaba Matti. Si dirigiste ese evento y hablaste ante más de 100 personas, seguro que podrás vencer tu timidez para saludar, hablar y jugar con Matti
-¡Es cierto Pa’! Mañana le hablaré y le preguntaré si quiere volver a jugar atrapador.
-¡Esa es mi motxita! Por cierto, muchas gracias mamor.
-¿Gracias de qué Pa’? Si no te hice ningún favor.
-Sí lo hiciste. Me enseñaste algo precioso.
-¡¿Yo qué te enseñé Pa’?!
-Una nueva forma, tal vez la más hermosa que haya conocido jamás, de explicar perfectamente cómo se siente uno cuando está enamorado. Tú también le has hecho crecer flores de mil colores a mi corazón. Y te prometo que cuando use tus palabras para mis historias, diré que no son palabras mías, que son de mi hijita mayor.
-Ayy, gracias Pa’. Es que hay que ser sinceros, así lo dijimos para nuestro pacto de finalidad.
-Fidelidad, pequeñita, fidelidad.
-Sí, eso Pa’. ¿Oye Pa’?
-¿Sí mamor?
-¿Podrías hacer otra vez lo de los monitos?
-Sólo si lo haces conmigo.
-¡Vale!
-1… 2… 3…
-¡Uuu aaa uuuu aaaaaaaaaaaa!
-¡Uuu aaa uuuu aaaaaaaaaaaa!
 

jueves, 25 de julio de 2013

EXTRACTOS DE CARTAS GUARDADAS EN EL BURÓ III: AÑORANZA

“… Escudriñando anhelos en las grietas del viento. Colgando orquídeas a cada racimo de nostalgia nocturna. Enmadejando tu nombre en cada mirada extraviada. No sé si eso es estar bien o mal. Sólo sé que así he estado desde que no he sabido de ti.
Porque en realidad no he estado sin mí, ni tampoco he sido sin ti. Sólo he seguido siendo lo que ya sabes: un apasionado, incansable y desaforado ser humano que busca. Ya me conoces, cuando no estoy buscando alborozos en las sombras, estoy buscando magias en las rutinas. Pero estos días me la he pasado buscando otra cosa.
No tu sonrisa tornasolada o nuestra historia insaciable; eso no lo busqué, tu sonrisa me halló y nuestra historia me bendijo.
Me la he pasado buscando algo más sencillo pero no por ello más simple: una forma de decirte cuánto y cómo te añoro.
Una forma, un estilo, un método perfecto y preciso con los que no sólo te sepas añorada, sino que realmente te sientas añorada. A cada paso, a cada pestañeo, a cada silencio. En la alborada y en el desvelo. Entre los transeúntes y entre las espesuras. Al negarme y al transpirarme.
Añorada en la mirada y en tus pasos; en la curvatura de los hombros y en la ondulación de tu cabello; en la impaciencia de las manos y en el bamboleo de tus pechos. Añorada de tu boca aciruelada, de tus caderas afestinadas, de tus muslos apulpados y de tu sexo amielado.
Añorada de mí dentro de ti.
De nosotros a solas.
Es lo que he buscado fervorosamente: una forma, un estilo, un método donde quepan todas las añoranzas. Las de ayer, las de ahora y las que vendrán.
Pero no he podido.
Por eso te escribo. Para pedirte, rogarte, suplicarte, que si tú la encuentras por favor me la digas.
O, mejor aún, que me la añores.

E.”