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viernes, 10 de junio de 2011

BAILAR PEGADOS

Los ojos de Ella se lo sugerían a gritos.
Él caminó hacia Ella sintiendo florecer lirios en su vientre.
Llegó.
Sonrió.
Y omitió palabras. Él sabía que hay ocasiones, momentos fragantes y enlunados, que todo lo que hay que decir debe decirse en silencio. Con el lenguaje de las palpitaciones.
La tomó del talle y entrelazó suavemente los dedos de su mano izquierda en los de la mano derecha de Ella.
Acercó su pelvis a las caderas de Ella con la misma delicadeza con la que la espuma del mar se condensa en la arena: sabiendo que ese es su destino.
Su pecho sintió el júbilo exuberante de los pechos erizados de Ella.
Se miraron con destellos azulados para preñar de suspiros sus pestañas.
Los labios se les empapaban de ansiedades.
Las manos les sudaban vísperas.
La piel estaba humedecida de su cercanía.
Y entonces, comenzaron a bailar.

No supieron de ritmo o compás. Sólo de armonía y comunión. De magia.
Tejieron olas en el aire.
Compusieron himnos con los pies.
Escribieron filosofías de estremecimiento.
Se respiraron,
Se cobijaron,
Se ahuyentaron del mundo.
Bailaron pegados.

Así, toda la noche,
hasta que Él cerró los ojos para dormir
sin soltar de sus manos la fotografía de Ella.

lunes, 30 de mayo de 2011

VERÓNICA 3

No, ya no estás, pero estuviste.
Y la verdad es que nunca te fuiste.
Me tuviste tanto que no me quedó otra opción más que irme.
Tú te fuiste de nosotros pero yo me fui del país. Te quedaste allá, yo me quedé con nosotros. Estamos a mano.
No fue una huida, fue mi rescate.

Han pasado ya 8 años desde la última vez que te vi.

He defendido tus recuerdos de exabruptos y júbilos, de fuegos y mares, de lo que no fue.
El pasado que nos separó es el mismo que nos ampara.
Nada embellece. Todo envejece. Excepto el recuerdo de ti.

He tenido mañanas en que el precipicio del horizonte me hace hundirme en tus huellas.
Han sucedido tardes lluviosas que deslavaban melancolías y abrigaban añoranzas.
Ha habido noches de sombras astilladas, de suspiros venenosos, de rincones marchitos. Noches con silencios poblados de tus susurros, con minutos preñados de tus augurios, con letras que destilan tu ausencia.
Noches en que he confundido estrellas rotas con faros y les he puesto tu nombre.

A final de cuentas, tú eres más cicatriz que recuerdo.

He colgado coronas en los muros transparentes del palacio de tu ausencia para después suicidar mis ojos en su balcón.
Corolas de estupor han infestado mi sosiego como enredaderas.
Ternuras huérfanas se han vuelto susurros.
Gélidos puñales de soledad me han sangrado los ojos goteando mis dedos.

Somos los amores que no fueron.
Yo soy lo que no fui contigo.
Y hoy que hace exactamente 8 años que estando recién casada me pediste que te regalara una noche conmigo, y yo me negué, vengo a escribírtelo aquí.
Sé que nunca lo leerás.
Feliz cumpleaños, Verónica.

E

martes, 24 de mayo de 2011

FRAGMENTOS DE UNA NOVELA INCONCLUSA I

No era la primera vez. Ni sería la última. Pero esta vez la sentía diferente. La padecía distinto. Le costaba prosas de alborada sobrellevar esa nueva ruptura.

A pesar de todo, esa desazón le parecía ilógica. Desde que fue consciente de la llegada de Ella a su vida, Él se repitió constantemente que no se angustiaría por la distancia o por el final, que sólo se entregaría al ahora. “Lo malo es que me lo repetía mirando a la luna, no al espejo”, se dijo aprisionando un jilguero herido en la garganta.

Entonces cerró los ojos para abrir los de su alma. Y ahí la halló. Su mirada era mosaico de un palacio de rosas. Su sonrisa era la espuma de una cascada de ámbar. Su silueta era la constelación fulgurante de un cielo diáfano. Ella contenía en sí misma caos y apogeo. Ella era su patria.

Levantó los parpados y apagando con saliva el fuego de un sollozo se dijo en voz alta: “Cuando no haya relojes ni teléfonos. Espejos ni maquillajes. Cuando esté a solas consigo misma. Yo sé que se acordará.”

E.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Derecho de réplica

¿Y si Eva hubiera escrito el Génesis?

Seguramente, Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla. Luego, confirmaría que no conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie. Y finalmente revelaría que Dios no le ordenó parir con dolor ni someterse a su marido.

Que todo eso sólo fueron mentiras que Adán contó a la prensa y que después se vendieron como verdad porque no le dieron derecho de réplica.


lunes, 28 de diciembre de 2009

SEGUNDA OPORTUNIDAD

Hace algunos días estuve en una de las reuniones típicas de las épocas decembrinas.

Había mucha gente y de todo tipo, sobre todo del sexo femenino. No iba con intención de flirteo pero no por ello dejaba pasar desapercibidas a mujeres de mirada afilada, sonrisa sugestiva y cuerpo elocuente, como aquella mujer que sigilosamente no pude dejar de contemplar durante toda la noche.

Ella tenía el cabello rubio tostado, los ojos de un azul penetrante, la nariz discreta, los labios comedidos, el pecho distinguido, las caderas atractivas y una presencia certera, como una vereda en un bosque otoñal. Calculo que tenía alrededor de 45 años, por lo que era de una belleza madura, de esas que son cautivadoras.

Como suele suceder, luego de algunas dosis de vino, cerveza y vodka, el ambiente fue calentándose.

El círculo de conversación masculina en el que me encontraba no estuvo ajeno a la calidez del entorno, así que los temas comenzaron a subir de tono y, como es obvio, comenzaron a centrarse en las mujeres. De repente, uno de los integrantes soltó a los demás una pregunta directa con aires de machismo: ¿tetas o nalgas?

Dado el inicio de la ronda, yo sería de los últimos en hablar. Al llegar mi turno de respuesta el resultado era un empate, así que tal vez yo inclinaría la balanza. Sin embargo, al tomar la palabra mi respuesta fue: “una mujer que haga apetecible ambas opciones”. Entre las expresiones de asombro y mofa de mis interlocutores, agregué un “nada como que el placer sea íntegro y sea previo a un desbordado deseo”, mientras esbozaba una pícara sonrisa, le daba un sorbo a mi copa de vino tinto y miraba por enésima ocasión a unos 15 metros de distancia, donde estaba aquella mujer hechizante.

La conversación siguió su derrotero natural hasta encallar en los tópicos relatos de experiencias sexuales donde los narradores son los protagonistas de momentos sumamente ardientes, muchos de ellos en lugares peculiares y con dos o tres mujeres bellísimas y al mismo tiempo.

Como también me suele suceder, llegada la conversación a ese momento yo ya no suelo participar debido a tres razones. La primera porque yo no he tenido relaciones sexuales en lugares extravagantes (como en un tren, en un avión o en un bosque, como lo relataron algunos en la reunión) –mi lugar más extravagante se remite a un elevador-, ni tampoco han sido con más de una mujer a la vez. La segunda razón es porque mi concepto de erotismo se vincula a la atmósfera que se recrea de mi intercambio emocional (previo) y el carnal (posterior) con una mujer deseada, momento que me es prácticamente imposible de rememorar de forma hablada. Como buen amante de las palabras, necesito de tiempo, intimidad, lápiz y papel para recrear decorosamente los momentos sensuales deliciosamente degustados. Y la tercera es que no me gusta referirme a esos momentos como trofeos, medallas o diplomas, sino como respiros: instantes que oxigenan el corazón, alimentan el alma y extienden la vida.

Así que, sin dejar de divisar a la mujer inquietante, mejor me quedé callado.

El tiempo se desgastó entre desvaríos lingüísticos, conatos de altanería y desaguisados al buen gusto. Desafortunadamente, yo tenía otra cita con otros amigos por lo que ya no podía seguir presenciando tan comunes, pero no por ello inadvertidos, comportamientos sociales.

Así que comencé a preparar mi salida despidiéndome de la gente conocida y los anfitriones. Para mi fortuna, uno de estos últimos, mi amigo Milton, estaba charlando momentáneamente con la mujer que no dejé de vislumbrar durante la velada. “Por lo menos sabré su nombre”, dije para mis adentros.

Y efectivamente lo supe: se llamaba Lena, me lo dijo añadiendo un “nice to meet you” a un beso y una sonrisa cálida. Tenía el tiempo encima por lo que no pude conversar más con ella. Le repetí el beso, el “gusto en conocerte” y me despedí ofrendándole lo que sentí que fue un rostro de malogro resignado aderezado con gestos de acaso.

Salí del lugar reprochándome mi tardanza e implorando por una segunda oportunidad.

Hoy recibí una llamada. Era de Milton quien, además de saludarme, desearme un buen viaje y un mejor año nuevo, me platicó que Lena le preguntó más sobre mí.
Y hoy ya sé más sobre ella.
La segunda oportunidad será en un par de semanas. Ahora parto para España.

viernes, 6 de febrero de 2009

JAZMIN

El ambiente era nebuloso y de color sepia, pero te reconocí.

Vestías un traje sastre y traías una cola de caballo, como la última vez que te vi, hacia ya 15 años.
Tu cuerpo seguía imperturbable y tus ojos verdes seguían siendo expresivos. Afortunadamente, en ellos puede notar que aun no se extinguía esa atormentada hoguera que tantas veces te delató cuanto me cruzaba en tu camino.

Pero esta vez fue diferente. Inquietamente diferente.

Sucedió rápido pero no inesperadamente. No es inesperado lo que se aguarda con esa ansiedad con la que hacen antesala los deseos incumplidos.

Nuestra palpitación aumentó; nos llenamos de manos sudorosas, sonrisas nerviosas y recuerdos impacientes.
Y sucedió.

Halagué esa mezcla tan tuya de belleza, inteligencia y timidez. Tú te sonrojaste. Yo te señale el rostro y te dije “¿Lo ves? Es cierto, tu interior lo sabe y tu exterior te delata”. Lo negaste pero ya era demasiado tarde. Entonces, supe que seguías deseándome (como cuando inesperadamente te presentaste ante mí, hace ya 16 años).

Y me excité.

Los demás momentos, simplemente fluyeron por sí solos.

No nos habíamos olvidado. (No se olvida lo que se aplaza por cualquier cosa menos por falta de deseo). Pero no nos lo dijimos. Sencillamente, coincidimos las miradas y nos rozamos. Nos derrotamos, como escribió el poeta, por una sola miel compartida. Ese jarabe que endulza las memorias.

Tu boca no me era extraña pero me sabía diferente. Me sabía a embriaguez postergada y arrebato imperioso. A juventud añorada. A una tarde de hace 15 años, evadiendo inseguramente nuestras miradas y las de los demás, pero tomados de la mano.

Como acto natural mutuamente aceptado, nos agitamos y nos fuimos desvistiendo. Así, con premura, ternura y compostura.
Tu cuerpo era como lo había imaginado: obstinado y enérgico pero con los pliegues, sutilezas y suavidades necesarias para hacerlo habitable. Para conjurar esos incómodos recuerdos de intimidades inexistentes con caricias urgentes.
Me besabas afanosamente pero tus manos titubeaban. Por eso vencí el último reducto de timidez: me fui desnudando para ti, con sigilo pero con franqueza. Mientras tocaba tus caderas, me desabotonaba la camisa. Mientras apretujaba tus pechos, me bajaba al pantalón.
Y así, ya desembozado y sediento, mi pene se erguió frente a ti.

Puedo no recordar más detalles, pero ese rostro que me ofrendaste, homenajeando a los placeres aplazados pero nunca rezagados, mientras amasabas mi sexo con tus dos manos, se quedará conmigo. (A él arribaré cuando el deseo se escampe).

15 años valieron la espera. Por lo menos, de esa forma.

Luego, tristemente, todo sucedió tan impulsivo, tan efusivo, tan intenso que no pude disfrutarlo más.

Me desperté sudoroso e impaciente.

Temí lo peor y sucedió. Acudí al baúl de los recuerdos, allí donde yacen roídas hojas de papel, pétalos y servilletas, pero no estaba ni tu número telefónico, ni cualquier dato más para encontrarte. Solo un nombre que ni siquiera internet es capaz de retroalimentar: Jazmín Sánchez Carrillo.

¿Seremos sólo una combustión anulada?

Espero (y deseo) que no.

Vuelve a mí.

miércoles, 8 de octubre de 2008

ELLA

Desde la primera vez que la vi...

PRÓXIMAMENTE

jueves, 25 de septiembre de 2008

VERÓNICA 1

Originalmente iba a abrir este blog para escribirte y sacar así mi melancolía de ti. Pero me he dado cuenta que todo lo que me pasa no se trata sólo de ti: afortunadamente, mis ansiedades, nostalgias y deseos van más allá de ti.

Aunque si te alegras tendrás toda la razón: ¡has ganado! He sido el primero que se comunica 6 años después de nuestro exabrupto corte de comunicación. Sí, he sido yo quien ha derribado ese muro de incomunicación que ambos nos pusimos sin siquiera acordarlo. No he podido resistir. Tu recuerdo y la nostalgia de ti son más fuertes que mi orgullo y estabilidad matrimonial.

Tal vez por lo que nunca fuiste y que tanto desee que sucediera, aun después de tu boda. Aunque nunca lo sabrás, has ganado.

Me resisto a creer en las corazonadas o las señales, pero hace unas semanas constantemente soñaba (dormido y despierto) contigo. "Tal vez porque pronto se cumplirán 6 años de que me terminó", pensé. Pero la inquietud fue mayor que mi aplomo, así que, con pretexto de amistad, contacté a una persona conocida que coincidió contigo en donde tú trabajas ahora. Y ella fue quien me lo informó: "Ah, Verónica acaba de ser madre por tercera vez". Esa noche me sentí estúpido cuando miré dormir a mi esposa y mi hija.

Realmente no entiendo porque sigo soñando contigo.