sábado, 6 de junio de 2015

SMS II

9********5

Añorar es exhalar nubarrones cargados de ausencias.

No te arredres. Sal y mójate la piel.

No es lluvia. Es la saliva que he tragado para nombrarte en las entrañas.

miércoles, 27 de mayo de 2015

SMS I

9********5
Asómate a la ventana. ¿Lo ves? Saqué a refrescar mi corazón en el estanque de la noche. Recuesta su reflejo en tu almohada hasta que regrese y seamos otra vez luciérnagas.

martes, 28 de abril de 2015

MIRAR


La verdad es que me fascina mirar a las mujeres por la calle.
Tú sabes que lo hago a la distancia y en silencio; a hurtadillas. No dejo de ser un tímido guarecido en verbos como lingotes de estepa.
Me encanta mirar sin ser mirado. Me cautiva mirar siendo un elemento más del paisaje. Y me embelesa cuando, inesperadamente, soy yo el que es descubierto por dos jaurías dilatadas, como me sucedió contigo.
Miro. Desatada, desaforada y depredadoramente. Con la lengua ensalivada. Con el corazón cincelándome el pecho. Con el simiente espumeándome el vientre. Como debe mirarse a una mujer: reconociendo el universo emulsificado en una especie.
Sigo mirando a las mujeres para buscar aves en sus ojos, frutas en sus labios, pulpas en sus pechos, senderos en sus caderas, temperaturas en su caminar. Pero, desde hace casi un año, las miro para despertar.
Las miro y sigo encontrando augurios palpitando en el horizonte, idilios sollozando en premuras, humedades retumbando en los labios. Decenas de fragorosos, emocionantes y trémulos quizás. Tan susurrantes como vaporosos.
Entonces te vuelvo a ver.
Entonces nos vuelvo a ver.
Como soplo de anochecer vuelve a anegarme el polen acanelado de tu cuello, el caudal aguamielado de tu saliva, el elocuente almidón de tu silueta.
Vuelvo a sentir tus manos amasando mi virilidad, tu boca jugueteando con la cresta de mi erguimiento, tu lengua rehumedeciendo afestinadamente mis bordes henchidos, dentro del auto, en un rincón eclipsado de la ciudad.
Nuevamente me pica en la nariz tu pelo ensortijado mientras te sujeto las caderas, te lamo el canal azucarado de tu espalda, y te pongo una mano en la boca mientras nuestros balanceos hacen rechinar el sillón de mi cubículo.
Otra vez me inunda el aluvión de desbocamientos que me obligó a llevarte a esa sala en desuso, bajarme los pantaloncillos, romperte las mallas y entrar fragorosamente en ti, mientras al lado había una clase de aerobics.
La vida es una insaciable búsqueda de encuentros humanos. Los encuentros precisan de intimidad. La intimidad necesita de fantasías, complicidades, transgresión, desbocamiento y comunicación; de dos seres que se atrevan a hacerla realidad.
Por eso sigo mirando a las mujeres por la calle.
Para saciar la búsqueda.
Porque tú, Rebeca, eres real.

jueves, 16 de abril de 2015

VIGÉSIMA LEY DE SUSPIROS DEL ESPANTAPÁJAROS

Ella y Él requieren de inspiración para atreverse y de transpiración para consolidarse.

viernes, 12 de diciembre de 2014

INMENSIDAD


Fulgores cálidos se nos anidaban en cada resquicio de la piel.
Leves brisas serpenteaban bulliciosas en nuestros labios.
El agua continuaba en su interminable amasiato con el cielo.

Ella, sin dejar de asirme la mano, recargó su cabeza en mi hombro.

Sé que no me agradecía. Me reiteraba lo que soy en su vida.

Recién habíamos llegado ahí. Aparentemente había sido sorpresivo pero yo lo tenía bien planeado. Era su cumpleaños, y además su onomástico, así que decidí llevarla donde Ella había sido dichosa, donde se sentía plena, donde su corazón se renovaba. El mar.

De repente, Ella se acercó a mi oído y pronunció mi nombre. Pero no fue una enunciación cotidiana, fue de esas modulaciones que denotan jirones de entrañas alojadas en la voz. Como cuando estoy dentro de Ella.

-¿Qué pasa cielo? –Le respondí estremecido por su cercanía.
-¡Te amo de verdad!
-¿De verdad? ¿Se puede amar de mentiras?
-Jajaja, claro que no tontito. Quiero decir que te amo con cada átomo de mi cuerpo. Que ya no hay pensamiento donde no estés. Que mi vida ya no tiene sentido más que el sentido que tú le das al estar conmigo. Que te amo inmensamente.
-¿Y cómo es eso, mi Rebe? –Le dije mientras sentía cosquillas refrescantes por la espuma que nos burbujeaba en nuestros pies.

Ella suspiro y miró dentro de sí. Segundos después se volvió a dirigir hacía mí.

-Mira hacia el mar.
Voltee hacia el manto de agua que tenía enfrente.
-¿Te das cuenta? –Me preguntó emocionada.
-¿De qué? –Le respondí con una pregunta absorta.
-De que por más que lo intentes tus ojos no pueden abarcar todo el mar. Que por más que te esfuerces tu mirada no sabe dónde está el límite del mar. Que entonces sólo te queda creer que no hay nada más que el mar.
-Sí, mi Rebe, me doy cuenta –respondí sobrecogido.
-Pues así es la inmensidad de mi amor por ti.
Y me besó efusivamente.

Kilómetros atrás seguían los cohetes y la música en honor a la virgen de los mexicanos.

Yo seguí asido de la mano de mi Ella, esperando el momento oportuno para hacerle el amor y mirar hacia el mar.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

AÑORANZA II

Ojos que preñan a la ausencia.
Esperas que agrietan a la rutina.
Recuerdos que dinamitan a la noche.


Esta desaforada convicción.
Esta atropellada agitación.
Esta renovada devoción.


Echarme de más
cuando te echo de menos.
Mi amor.


jueves, 28 de agosto de 2014

AÑORANZA

Alquimia en el viento.
Lenguaje astillado de suspiros.
Pasos anudados a un solo sendero.

Extravíos.
Excesos.
Esperanzas.

Ella en cada resquicio.

Él se arrancó la mirada, la boca y la piel
para poder invocarla.

miércoles, 2 de julio de 2014

LA NEBLINA

-Mamor
-…
-¡Oughhhhhrrrr!
-…
-Motxita, ¿estás bien?
-… ¿Eh?, sí, sí, ¿por qué me lo preguntas Pa’?
-Porque te acabo de hacer la cara chicle y no te reíste.
-Ah, bueno Pa’.
-A ver flaquita, a ti te pasa algo.
-No, Pa’, no me pasa nada, estoy bien.
-Corazón: no te reíste con la cara de chicle, tus ojitos están como nublados y tu carita no tiene su luz de las mañanas. Te conozco, a ti te preocupa algo.
-…
-Tú estás preocupada por algo. Y no creo que sea lo de la multa por no haber entregado el libro en la biblioteca, porque eso ya lo hablamos. Ni tampoco creo que sea lo de tu examen de mate o que tu amiga Karo no ha ido a la escuela. ¿Me vas a decir qué es lo que te preocupa, cielo?
-… No quiero decirlo, Pa’.
-De acuerdo, Mamor. Tú sabes que yo respeto cuando no quieres compartir algo, cuando quieres tener tus propios secretos o cuando simplemente crees que es el momento de los silencios.
-Sí, Pa’.
-Pero también debes recordar que yo te amo. Y que eso significa que siempre, siempre, siempre estaré cuando tú me necesites. Que si tienes problemas, dudas o miedos, tú puedes recurrir a mí. A lo mejor no te resuelvo el problema, no te doy una buena respuesta o no te quito tu temor, pero que yo siempre te escucharé, te ayudaré a buscar lo que te haga falta y te abrazaré. ¿Lo sabes, verdad Motxita?
-Sí, Pa’, lo sé.
-Bueno mi amor.
-…
-…
-…
-…
-¿Papito?
-¿Sí, mi amor?
-Es que no sé qué me pasa.
-¿No sabes lo que te pasa?
-No.
-Bueno, vamos a ver si lo podemos saber juntos. ¿Cómo te sientes?
-Mhhh, pues como muy rara.
-¿Rara?
-Bueno, creo que más bien triste.
-¿Triste?
-Sí, así como si toda la neblina que hay ahora por las lluvias estuviese toda dentro de mí.
-Mh, ya veo. ¿Y tienes idea de por qué te sientes así? ¿De dónde provienen esas lluvias que han llenado de frío y gris a tu corazoncito?
-Sí, Pa’, creo que lo sé.
-Ah, pues entonces vamos muy bien para ir sabiendo lo que te pasa. ¿Qué te hace sentir rara, triste y con neblina?
-¿Te acuerdas que la semana pasada te platiqué que me gusta otro niño?
-Sí, mi amor, Giossue.
-¡Sí, él!
-¿Entonces, qué pasa con Giossue?, ¿te hizo o te dijo algo que te hiciese sentir incómoda?
-No, Papito, no me dijo nada feo ni se portó mal conmigo.
-Ah que bueno, ¿entonces qué pasa? Cuéntame, Pequeñita.
-¡Uffff! Es que son muchas cosas, Pa’.
-No te preocupes, Motxita, aún nos faltan minutos para llegar a la escuela. Y cuando lleguemos, aún tendremos como diez minutos más antes de que sea el retardo. No hay prisa, tómate tu tiempo.
-Bueno Pa’. Lo que pasa es que cuando veo a Giossue y cuando lo tengo cerca me siento requeté nerviosa. Siento hormiguitas en mi pancita y siento mis pies como si tuviesen ganas de correr muy rápido.
-¿Aja?
-Y también como que mi boca estuviese sellada. Y mi carita se pone seria. Y ya no sé qué decir. Y mis manos se descontrolan. Y mi corazón brinca muy pero muy rápido. Y es como si una parte de mí se desapareciera y no sé dónde encontrarla.
-Ayyy mi amor, ¿en serio te sientes así?
-Sí, Pa’. Karo dice que es porque estoy enamorada.
-¡¿En serio eso te dice Karo?!
-Sí, pero yo no sé si estoy enamorada. Papito, ¿qué es estar enamorada?
-¡Uyyy mi cielo, vaya pregunta, ehh!
-¿Es muy difícil, Pa’?
-Sí, es una de las preguntas más difíciles de responder. Sobre todo, porque cada persona tiene su propia respuesta. Porque cada hombre y mujer en el mundo lo viven de forma diferente.
-¿Entonces no se sabe lo que es estar enamorado?
-Mejor dicho: cada persona lo sabe a su manera.
-¿Y yo cómo sabré cuando esté enamorada?
-Tu corazón te lo va a decir, Pequeñita.
-¿Mi corazón?
-Sí, tu corazón. Él te lo dirá de diversas formas. Él te lo hará saber porque, cuando menos lo esperes, todos tus sentidos se juntarán para que no dejes de recordar a la persona de la que estás enamorada. Y sentirás que sólo existes para esa persona. Y la escucharás en todos los vientos y la verás en todas las flores. Y creerás que la luna se asoma tan sólo para que le hables de esa persona. Y entonces, sabrás por fin que estás enamorada, porque ya no podrás pensarte más que al lado de esa persona.
-¡Ayyy Papito, creo que siento mucho de lo que me dijiste!
-Entonces deberías sentirte muy feliz, Pequeñita. Un sentimiento así es un regalo de la vida, y como regalo tienes que emocionarte al recibirlo, disfrutarlo en las manos, abrirlo con alegría y saborearlo todos los días.
-Sí, Pa’.
-¿Entonces por qué te sientes triste?
-Porque no sé cómo acercarme a Giossue y decírselo.
-¿Por eso dices que sientes neblina en tu corazoncito?
-Sí, Pa’, por eso.
-Ok. Mira Motxita, ¿ves esa neblina que está en la montaña y la cubre? Allá a lo lejos.
-Sí, Pa’, lo veo.
-Te voy a contar algo.
-Sí.
-Resulta que esa montaña es muy, muy especial. Es una montaña que sueña y suspira. Y desde hace mucho tiempo, esa montaña miraba al cielo, y lo miraba con mucha ilusión, y le sonreía al sol, a la luna y a las estrellas. Pero nadie le hacía caso. Hasta que un día, una nube le devolvió la sonrisa. Entonces, la montaña reverdeció de alegría. Y no dejó de sonreírle a la nube, de contarle todos sus secretos, de enviarle suspiros y anhelos. Y sólo le pidió un deseo a la vida: poder abrazar a su nube.
-¡Pobrecita montaña!
-Y la montaña lo deseo tanto, tanto, tanto que sólo vivía para poder abrazar a la nube. Pero no podía hacerlo. Pasaban los días, las semanas y los meses, y no podía abrazar a su querida nube. Se desesperó, su verdor se volvió café, perdió hojas y árboles de tristeza. Hasta que un día se tranquilizó y se dijo: “no volveré a sufrir por esto que siento. Porque esto que siento es tan hermoso que no merece convertirse en sufrimiento”. Y volvió a sonreírle a la nube, a contarle todo lo que hacía durante sus días y lo que soñaba por las noches, y a decirle que lo único que deseaba era poder abrazarla. Pero ya sin desesperarse.
-¿Y qué pasó, Pa’?
-Pues que esta mañana, al despertar, la montaña se encontró que la nube se había convertido en neblina tan sólo para poder abrazarla. La montaña supo esperar. Y se cumplió su anhelo. ¡Mírala, está muy contenta abrazando a su nube!
-¡Qué bonita historia, Papito!
-Sí, mi amor. Hay que disfrutar lo que sentimos y aprender a esperar.
-Gracias, Papito.
-De nada, Mamor.
-…
-Pequeñita, ve agarrando tu mochila que ya estamos por llegar a la escuela.
-¿Papito?
-¿Qué, cielo?
-Blughhh, Blughhh, Blughhh
-¿Qué fue eso, Pequeñita?
-Ayyy, Pa’, ¿no lo viste? Fue mi cara de moco.
-Jajajaja. Te amo, mi cielo.

lunes, 16 de junio de 2014

16 DE MAYO DE 2014


Ya estabas. 
Pero llegaste a tiempo. 
El amor es una cuestión de oportunidad: no hay que encontrarse ni demasiado tarde, ni demasiado pronto. Hay que encontrarse en el momento preciso.

Meses antes, me habías visto en un partido de fútbol. Yo te había descubierto entre tus amigos. Supimos que existíamos. Y esa semilla fue suficiente.  
No las vemos, pero las primaveras palpitan en la crudeza de los inviernos y las alboradas manan de la profundidad de las noches. Tan sólo hay que saber esperar.

Esperamos y sucedió.  
Yo tenía que estar en clase. Tú sólo pasabas por ahí. He ahí mi definición más perfecta sobre el destino. 
Te acercaste y me hablaste. Y ese instante es ya uno de los recuerdos más indelebles de mi existencia; de esos cruces en el camino que, al tomarse, conducen a la inusitada certeza de que ya nada volverá a ser igual. 
Hablar realmente con alguien es acariciar la historia de la humanidad, desnudar el misterio de la existencia, saborear el néctar del universo. Y, al cruzar las primeras palabras contigo, supe que habíamos comenzado a procrear nuestro mundo. 
Las miradas se enhebraron. Las sonrisas nos desfloraron los labios. Las palpitaciones nos imantaron los sentidos. Ya no quisimos separarnos. No importó quién se acercara, no importó quién nos mirara, no importó quién nos esperara. La magia había surgido. 
Las semanas siguientes las diluimos en buscarnos afanosamente. Pero no coincidíamos. Hasta ese día que me viste entrar a reunión y esperaste mi salida. Entonces intercambiamos direcciones de correo. Y esa misma noche te escribí. 
Nos volvimos a ver, esta vez con el tiempo y el espacio propicio para comprobarlo: la magia no sólo seguía, sino que ya era realmente un hechizo. Un aluvión de júbilos imbricados que inevitablemente presagiaban un nosotros. 
Mensajes cada vez más seguidos, atentos y tersos; aparentemente ambiguos pero esencialmente embelesados.
Hasta los de la 5 pm de este día:

“Confieso que el miedo hace que mida la intensidad de tu atracción” 
“Dichosa tú que aún ves el freno. Yo ya estoy en el sendero desbocado de los desvelos, las canciones y los sueños diurnos.” 
“Me encantaría amanecer con la maravilla de tus ojos de estatua y anochecer en el acento de la noche, rozarme con tu mejilla y sentir de cerca tu encantador aliento.”

Los ojos se me colmaron de orquídeas. En los labios me revolotearon mariposas. El corazón se me desató.  
La vida me volvía a besar. 
Porque por fin iniciaba nuestra historia.

Bien llegada
Luz.
Bien recibida
Miel.
Bienvenida
Mi Rebeca. 

Nos buscamos los dos;
hoy fue el último día de la espera.